Considerar árabe, musulmán y moro como sinónimos es sólo uno de los múltiples y más comunes errores. Tanto o más grave es la imagen distorsianada de lo árabe y lo islámico que se ha producido y difundido por siglos desde Occidente.

dissabte, 15 d’octubre de 2011

La Mutazila

Si hemos de creer la tradición islámica más arraigada, los mutazilíes ("los que se apartan" o "los secesionistas") ya habrían estado presentes en la batalla de Siffín o al menos estarían en parte definidos por una postura "neutral" a posteriori, rechazando tomar partido entre los bandos en conflicto (en última instancia, respecto al gobernante, acabarían desarrollando una concepción muy similar a la jariyí). En todo caso, se trata de una escuela de pensamiento teológico desarrollada en los primeros siglos del islam y hoy desaparecida, aunque fue muy importante en el debate hasta el siglo IX d. C. y algunos de sus afirmaciones o argumentaciones se pueden encontrar todavía tanto en las doctrinas que podríamos llamar de consenso (sunnismo) como en varias de las ramas del shiísmo.

En todo caso, la mutazila propuso una visión racionalista de la fe y de Dios, basada en cinco principios fundamentales:

1. La unidad y unicidad de Dios
Negación de los atributos de Dios como algo ajeno a su esencia. Condena del antropomorfismo y de las lecturas literales de los pasajes del Corán que lo justifican. Concepción del Corán como texto creado.

2. La justicia divina
El mal no puede proceder de Dios. Dios no puede juzgar a los seres humanos si estos no son capaces de elegir. En consecuencia, los seres humanos son libres y crean sus propias acciones.

3. El castigo del pecado en el Juicio Final
El pecado es obra de los humanos y responde a una decisión tomada libremente. Por lo tanto, serán las obras más que la fe, creencia o pertenencia a un grupo religioso u otro lo que determinará el destino final de cada uno, el premio o castigo que serán eternos.

4. El "creyente-pecador" como estadio intermedio entre el fiel y el infiel
El pecador musulmán no es un infiel, pero tampoco completamente un musulmán, pues no habría pecado. En consecuencia está en una zona intermedia.

5. La obligación de ordenar lo bueno y prohibir lo malo
Implica un interés y una implicación en la vida pública, que en parte a su vez explica su concepción de la mihna. Se podía llevar al extremo de deslegitimar al gobernante (imám o califa) que no cumpliera esa función, pues la obligación individual sería todavía mayor en su caso, justificando por tanto la rebelión contra el poder para instaurar en él a otra persona.

Por un tiempo, los califas abbasidas de Bagdad (a partir de aproximadamente el 750 d. C.) favorecieron a los mutazilíes, quienes aunque eran numerosos, como todas las escuelas filosóficas y teológicas, eran no solo muy minoritarios, sino mirados con desconfianza por la población en general, y los "tradicionalistas" (las "gentes del hadiz") en particular. No podía ser de otra manera si consideramos que los mutazilíes rechazaban la validez como criterios de verdad tanto de los hadices como del consenso (iyma).

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